artículo sobre club de correspondencia

Escribir cartas está de moda. No te lo digo yo, es una realidad. La vuelta a lo analógico se está convirtiendo en una necesidad y entre estos escapes de lo digital, la escritura epistolar se está posicionando como la elección favorita para disfrutar de la presencia, de lo manual, de poner el foco en lo tangible y ahí nace el club de correspondencia. 

Por qué volver a escribir cartas cuando todo es inmediato

El contenido nos supera. Las redes sociales son máquinas de creación y difusión de contenido que es tan fácil crear que llega un momento en el que nos satura y no somos capaces de recibir. A las que nos gusta hacerlo, escribimos constantemente, pero casi nunca nos detenemos a hacerlo de verdad, con foco, con presencia. Notas de voz apresuradas, correos que se responden en segundos, mensajes que se envían sin releer. En medio de esa inmediatez, la escritura ha perdido algo esencial para que salga bien, el tiempo.

Volver a escribir cartas no es tanto un gesto nostálgico, sino una forma consciente de desacelerar. Y esto lo vemos porque no solo queremos volver a escribir cartas los que una vez lo hicimos. Las nuevas generaciones, nativamente digitales, también están deseando escribir, enviar, esperar, recibir, leer y contestar. Todo con un proceso que dura días, incluso semanas, lejos de la inmediatez y la rapidez del móvil, en el que la tasa de permanencia es de 2 segundos y el dedo índice ha automatizado un gesto vertical que no responde a ningún plan.

Recuperar una escritura lenta, dirigida y con intención. La escritura epistolar propone justo lo contrario de lo digital, pausa frente a velocidad, cuidado frente a automatismo, presencia frente a ruido.

Es por esto que reaparecen con fuerza conceptos como club de correspondencia o mail club. Espacios donde escribir cartas deja de ser un acto solitario que convertirse en una experiencia compartida. Lugares donde la escritura busca vínculo más allá de visibilidad o rendimiento.

Qué es un club de correspondencia

Qué es un club de correspondencia

Un club de correspondencia es un espacio organizado donde varias personas se comprometen a escribir cartas y recibirlas de forma regular. Puede adoptar formatos distintos pero siempre comparte un mismo núcleo escribir para alguien concreto y hacerlo a mano, con paciencia, con presencia, poniendo intención y disfrutando del proceso.

La diferencia entre escribir cartas de forma individual y hacerlo dentro de un club es el marco comunitario que conecta a diferentes personas. Se escribe sabiendo que hay otra persona esperando, leyendo, respondiendo y toda esa expectativa transforma el acto de escribir.

En los últimos años ha empezado a utilizarse también el término mail club, una forma contemporánea de nombrar estas comunidades epistolares. Aunque el nombre sea nuevo, la práctica no lo es. Los mail clubs actuales retoman la tradición, muy antigua, de escribir cartas como forma de relación sostenida.

Un club de correspondencia no es un curso ni un taller. No se basa en aprender técnicas, sino en habitar la escritura desde el intercambio. Por eso su fuerza no está en el contenido, sino en el vínculo que genera.

El origen de los clubes de correspondencia

Hubo un tiempo en el que escribir cartas era la norma, era la forma de hacer llegar los mensajes. Durante muchos siglos, escribir cartas fue el principal medio de comunicación a distancia. Familias, amistades, amantes, escritoras, pensadores y comunidades enteras se mantuvieron unidas gracias a la correspondencia.

Las redes epistolares formaron auténticos tejidos sociales. Escritoras como Emilia Pardo Bazán, pensadores ilustrados o grupos de amigas construyeron su pensamiento y su intimidad a través de cartas. Muchas ideas que hoy leemos en libros nacieron primero en una correspondencia privada.

Antes de que existiera el concepto de penpals —amigos por correspondencia— ya había intercambios organizados de personas que se escribían sin conocerse, unidas por la curiosidad, el idioma o el deseo de diálogo. La carta era un espacio de pensamiento y de compañía con gente con la que compartías alguna afición o el simple interés de conocerte a través de las palabras. No se me ocurre nada más bonito.

La escritura epistolar permitió pensar con otro, comunicar hechos por escrito y compartir procesos internos. Escribir cartas era, en muchos casos, una forma de no estar solo.

Sello epistoleando, club de correspondencia

Escritura epistolar, una forma de escribir que crea relación

La escritura epistolar se diferencia de otros tipos de escritura por un elemento clave, el destinatario. Siempre hay un “tú”. Aunque sea imaginado, ausente o futuro. Y ese “tú” hace que todo sea diferente. Cambia el tono, el ritmo, las palabras que se eligen. La carta se escribe con cuidado porque hay alguien al otro lado. Hay espera, silencios y tiempo entre lo que se dice y lo que se recibe. Aquí está la clave del éxito actual.

Escribir cartas implica aceptar que no hay respuesta inmediata. Que el texto viajará, será leído en otro momento, quizá releído. Esa distancia crea intimidad y también atención.

Por eso escribir cartas transforma la forma en que escribimos y la forma en que leemos. Nos obliga a ralentizar, a pensar antes de decir, a sostener una idea más allá de la urgencia.

Quiero apuntarme a un club de correspondencia

Cómo evolucionaron los mail clubs

En el siglo XX, los penpals se popularizaron especialmente en contextos educativos y culturales. Intercambios internacionales, cartas para aprender idiomas, amistades que nacían a través del correo postal. ¿Te acuerdas de esas amigas por correspondencia que hacías a través de las suscripciones a revistas?

Curiosamente, los clubes de correspondencia resurgen con fuerza en momentos de crisis o saturación. Cuando el mundo se acelera demasiado, la carta vuelve a aparecer como refugio, por eso en la actualidad los mail clubs adoptan formas híbridas. Algunos funcionan por suscripción, otros de manera informal. Algunos priorizan el papel, otros combinan carta física y digital. Pero todos mantienen la esencia de la correspondencia como experiencia compartida.

Hemos pasado de lo privado a lo colectivo.
De escribir en solitario a escribir acompañadas.
De la carta individual al club como espacio de pertenencia.

unirme a un mail club

Cómo funcionan los clubes de correspondencia en la actualidad

Los clubes de correspondencia actuales son muy diversos, pero suelen compartir algunos elementos:

  • Funcionan con un ritmo regular

  • Proponen correspondencia libre o temática.

  • Pueden incluir cartas guiadas o totalmente abiertas.

  • Prefieren el objeto físico: papel, sobres, caligrafía, detalles.

El valor del club no está solo en escribir cartas, sino en el ritual. El ritual es todo: abrir un sobre, leer con calma, guardar la carta, responder cuando te apetece, enviar la carta, esperar tu respuesta.

Por eso los conceptos club de correspondencia y mail club conectan tan bien con quienes buscan escribir cartas hoy, porque ofrecen estructura sin rigidez, sin presión en una comunidad sin exposición total, otro de los problemas actuales.

Escribir cartas hoy es un acto revolucionario

Nos gusta lo revolucionario, lo diferente, lo que nos hace escapar de la vorágine a la que nos vemos constantemente sometidas, a la presión por ser cada vez mejor, a estar siempre produciendo, aprendiendo, optimizando el tiempo. Escribir cartas a mano es una forma de resistencia ante todo esto, es un gesto pequeño, pero significativo, frente a la prisa constante, frente al burnout colectivo.

La carta crea un espacio de pausa y presencia. Obliga a sentarse, a elegir palabras, a escribir sin audiencia masiva. No hay likes, ni métricas, ni urgencia por publicar. Te va a leer una persona sola, probablemente, pero te va a poner toda su atención. Y créeme, que en estos tiempos, es casi un milagro.

Desde el punto de vista creativo y emocional, escribir cartas tiene beneficios claros. Está demostrado que ordena el pensamiento, reduce la ansiedad y refuerza el vínculo. Y, sobre todo, devuelve a la escritura su dimensión humana. Algo que no busca ser compartido de manera masiva, que no busca la viralidad, solo busca intención y atención.

Epistoleando - club de correspondencia mensual

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Epistoleando: un club de correspondencia para volver a escribir despacio

Epistoleando nace dentro de esta tradición, pero con una mirada contemporánea. Es un club de correspondencia pensado como ocio creativo y desconexión consciente.

No es un curso ni un taller de escritura epistolar. Un espacio pensado para escribir cartas por placer, de manera individual pero acompañadas. Para formar parte de un mail club donde la escritura vuelve a ser un gesto lento y compartido.

Epistoleando propone una experiencia cuidada: cartas físicas, disparadores creativos suaves, materiales bonitos, ritmo tranquilo. Un espacio para escribir a amigas, familiares, penpals o para sentarse a escribir con hijas e hijos y acercarles al mundo epistolar.

Va dirigido a personas que disfrutan escribiendo, que buscan desconectar de lo digital y que quieren volver a escribir cartas sin objetivos ni exigencias. Apúntate aquí. 

Luli Borroni

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